Las obras de recuperación de la ruta provincial 321 ya están en marcha en la zona de la Quebrada de Lules, luego de que las últimas crecidas del río Lules arrasaran con casi 200 metros de la traza y pusieran en riesgo la transitabilidad. El Gobierno provincial desplegó maquinaria pesada y equipos técnicos para recomponer el terraplén y desviar el cauce del río, aunque entre los vecinos persiste la desconfianza: temen que los trabajos vuelvan a ser una solución provisoria frente a un problema que se repite con cada temporal.
Los trabajos comenzaron tras el último temporal y están a cargo del Ministerio de Obras Públicas, a través de la Dirección Provincial de Vialidad. Las primeras tareas incluyeron la remoción de sedimentos, el despeje de la calzada y una evaluación estructural de los daños. En paralelo, se inició un desvío controlado del río hacia su margen izquierdo para evitar que siga socavando la base del asfalto.
Para el operativo se movilizó un frente de obra compuesto por una topadora y tres retroexcavadoras sobre orugas. Además, un equipo topográfico realizó mediciones para calcular el volumen de áridos necesario para reconstruir el terraplén y avanzar con la recomposición de la estructura vial. Desde el Gobierno aseguran que se trata de una intervención integral y no de un simple arreglo superficial, con el objetivo de recuperar la transitabilidad en el menor tiempo posible.
Sin embargo, la mirada de quienes viven y transitan la zona es más cauta. Nancy, vecina de Lules, camina con su hijo por el costado de la ruta y observa cómo el asfalto queda suspendido sobre un borde erosionado por el río. “Se rellena de forma paliativa, pero llueve y el río socava todo. Este es un lugar hermoso para venir en familia, para hacer deportes, y sentimos que nada va a cambiar hasta que no se hagan trabajos bien hechos”, dice. Su testimonio refleja un sentimiento extendido: la esperanza que despiertan las máquinas convive con el recuerdo de arreglos que no resistieron nuevas crecidas.
La preocupación no es nueva en Lules. En marzo de 2015, una crecida extraordinaria del río provocó el colapso del puente carretero de la ruta 301 y del puente ferroviario, dejando a la ciudad prácticamente aislada. Aquella vez, decenas de familias debieron ser evacuadas y las imágenes del río fuera de cauce quedaron grabadas en la memoria colectiva. La ruta 321, que entonces funcionó como vía alternativa, es hoy la que vuelve a quedar en el centro de la escena.
El contexto climático suma un elemento de tensión. Mientras el Servicio Meteorológico Nacional pronostica bajas probabilidades de lluvias para los próximos días, especialistas advierten sobre la posibilidad de nuevas tormentas hacia el final de la semana. Aunque los niveles de los ríos y la erogación de los diques muestran una mejora, en Lules saben que el río no da tregua.
Entre la urgencia de recuperar una vía clave y el temor a que las obras no sean definitivas, la carrera contra el tiempo ya empezó. Y, como repiten los vecinos, la verdadera prueba no será ahora, sino con la próxima lluvia fuerte.












